Os agradezco que estéis leyendo estas líneas. Yo les doy vida, y con vosotros cobran sentido. No me leáis porque sí. Quiero que tengáis un motivo por el cual necesitéis o sintáis que, estas letras os van a contar algo y es lo que andabais buscando. Quizás muchos ya habréis desistido en el intento, cambiado de página o pensado: “qué pérdida de tiempo”. Si es así, no sigas leyendo y los dos haremos como si no nos hubiésemos conocido. Pero si no, te invito a mi pequeño rincón en el que publicaré tres entradas al día, en el que te haré participe, en el que te haré sentir que tienes un sexto sentido. Y sobre todo a hacerte creer que, de veras, existe una fibra sensible que puede inter-conectar con las personas.


domingo, 8 de mayo de 2011

Mini Vacaciones.

Por motivos de estudio, de intentar conseguir un par de "retos" y demás, os dejo debajo de esta entrada dos de mis últimos escritos. No sé cuando volveré a publicar, pero sé que lo haré. El tiempo corre en mi contra, y no le debo dar tregua. Ser felices.

Desconocida


No soy la persona que más te quiere, ni tampoco la que más te mima. No soy alguien especial, pero si alguien que te necesita.No apoyo tus decisiones, porque tampoco me das pie a que las conozca. No pienso en ti, pero te echo de menos. No te abrazo, ni te doy las buenas noches, o te deseo dulces sueños. Tampoco he visto como has crecido a lo largo de los años. No te he visto cambiar, aprender a caminar y tampoco he podido disfrutar de tu sonrisa abriendo los regalos de tus cumpleaños o la carita que ponías mientras te hacían la foto soplando las velas o en quien piensas cuando comes helado de chocolate. Tampoco conozco cuál es tu color favorito, que colonia usas, cual es ese peluche que marcó tu infancia, ni si quiera tu película favorita, canción preferida, o si ya has pensado en todas las cosas que desconozco de ti y que nos estamos perdiendo.
No hemos ido a cenar juntos, ni tampoco he escuchado tu voz ronca y dormida de media noche. Nunca nos hemos sentado en la última fila del cine para ver si podía meterte mano y luego tu contárselo a tus amigas. Tampoco sé lo que es acostarme contigo, aunque solo sea a contar ovejas, soñar juntos, o ver que al día siguiente sigues estando ahí, despertándote a mi lado. No te he contado ningún cuento en el que no hubiera un final feliz, y tampoco te he mentido nunca, aunque tú lo pongas en duda. No te he llamado tres veces seguidas por tu nombre, ni te he gritado, ni faltado el respeto, ni tan siquiera te he hecho cosquillas, apretado los mofletes, o que cerraras los ojos y pidieras un deseo. No te he cogido de la mano, no sé qué es acariciarte, besarte, ni como huele tu pelo. No te he visto llorar, ni cabrearte, ni fruncir el ceño, ni si quiera sacar la lengua después de una carcajada y una burla tonta. Ni tampoco lo que es mirarte a los ojos, y sentir que me tiembla todo por dentro.
No sé cómo es tu habitación, cuanto tardas en ducharte, asearte, cambiarte, y llegar tarde a los sitios. No sé cuáles son tus secretos, qué es lo que ocultas a la gente, y cuál es tu mayor temor o tu peor defecto. Tampoco sé cuáles son las cosas que haces bien, y cuáles son las cosas que haces mal. O si simplemente eres la perfecta imperfección que tiene un corazón enorme pero falto de amor. No sé lo que es la sensación de no verte, de añorarte, o susurrarte al oído y ver como se te pone el bello de punta, o que me digas "por favor, el cuello no, el cuello no...". Tampoco sé lo que es irme contigo de viaje, sin destino, sin rumbo, y luego ver todas y cada una de las fotos, y recordar esos momentos y la sensación de tener ganas de que haya una próxima vez, y que sea pronto. No sé lo que es pasarse horas y horas detrás del teléfono, con el “cuelga tú- no, cuelga tú” y los te quiero.
No sé si crees en las casualidades, en el destino, o que todo sucede por algo en la vida.No temas por mí, ni por ti, ni por el nosotros. Pero tampoco sueñes con ser princesa.No quiero que huyas, que tengas miedos, y que digas que no existo. No sé qué es lo que quieres hacer con tu vida, ni si quiera sé si eres feliz, si te están haciendo daño, o si lo mandarías todo a la mierda si eso significara encontrar a alguien que supiera entenderte. A alguien de verdad, a alguien que merezca la pena las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, los trescientos sesenta y cinco días del año. Una vida entera. Ese alguien que cuando está lejos, sigue a tu lado.
No quiero que mientras estés leyendo esto, pienses que lo he escrito por ti. No te hecho ninguna promesa. Ni te he metido en aguas turbias, o te he intentado hacer creer que soy una de cal y otra de arena, en la posibilidad de herirnos por culpa de una tormenta de infidelidades, mentiras, y malos tragos. O que tus ojos brillen, y caiga esa lágrima de dolor y de rabia. Amarga, y que te quita la vida. Porque yo no soy ninguna de esas cosas, pero tampoco vas a querer lo que yo tengo para ofrecerte, si me das un diez por ciento de ti, y el resto lo tiene ese no sé quién, que sabe todas y cada una de las cosas que yo desconozco, y no se da cuenta de lo que tiene y que puede echar a perder, mientras que otros lo darían todo por tan poco y sin embargo de sus labios no sale ni una sola queja.

Por favor; espérame.


Pensar en que los próximos sesenta días los voy a pasar lejos de ti, me hiere el corazón.Me da ganas de dejarlo todo por ti, y quedarme contigo. Lo único que me alivia es creer en tu promesa. La de que cuando vuelva, seguirás sintiendo por mí lo mismo o más de lo que yo tengo claro que quiero pasar contigo el resto de mi vida.
Van a ser tiempos difíciles para los dos. Y aunque notemos la distancia, no quiero que olvides ni un solo segundo de los que has pasado conmigo. Yo voy a recordarte cada día de estos, en cada latido, en cada sollozo que me haga echarte de menos, que eres tú y que no habrá otra. Porque si algo he hecho bien durante todo este tiempo, es esperar a encontrar el amor verdadero. Ahora que lo he encontrado, no puedo pedirte otra cosa que el día 25 de Junio me esperes dónde tú solo sabes. Y allí regresaré, a la misma hora de siempre. Para retomar el tiempo perdido. Para continuar nuestra historia por dónde la dejamos. Y volver a revivir esa sensación que me ha hecho cerrar los ojos, pensar en ti, y escribirte esto.

lunes, 18 de abril de 2011

Ella y él.

Ella era joven, pero estaba necesitada de amor. Iba en busca de ese alguien que fuera capaz de aceptar sus defectos y al parecer, lo había encontrado. Él, un chico de la calle, con apariencia de “chulin” y un poco de “hacerse el duro”, no buscaba nada serio.Quería disfrutar de la vida, pasárselo bien con sus amigos y llevarse a alguna que otra mujer a la cama. Pero de repente,  esa fuerza latente empieza a cobrar vida. Se acaba de encender la llama del amor. Saltan chispas procedentes de unos polos opuestos que creyéndose desconocidos, hacen que surja lo inquebrantable. De película. Se habían hecho realidad sus sueños. Han empezado una historia. Estan juntos.

Llegan los días felices, los regalos de navidad, las celebraciones, los cumpleaños. El vivir el momento. San Valentín y todo lo que conlleva las dos palabras mágicas, las seis letras silenciosas, simples y eternas: el amor. Vuelven a sentir lo que se siente de niño, la libertad, las ganas de ver a alguien, el echar de menos, el suspense de las sorpresas y el sentir como baila debajo de tu camiseta el viento. Esa persona que te hace sentir como si no hubiera nadie más en el mundo, dedica su vida a ti. Llena tus días de sorpresas, de viajes inoportunos, de momentos inesperados, de fotos congelando momentos que nunca antes viviste. Miles de recuerdos que guardas en tu escondite preferido.Sí, ese que temes que descubra tu madre. Y todo porque son tus cosas, y en esto estáis los dos solos. Él y tú.

Los problemas están de lado. Las discusiones no eran parte de vuestra vida, y las malas decisiones se disimulaban con todo lo bien que hacíais. Pero sin más, ocurren. Los días ya no son tan bonitos, ya no quedan plastidecor para pintar el cielo de colores.Todo es gris. Reina lo absurdo, las inconcurrencias y los errores. Se te viene el mundo encima, después de pensar que esto no tenía fin. Él te engaña, y tú no le sabes perdonar.

Le odias. Piensas en si ha habido un motivo para que todo lo hecho durante todo este tiempo se haya venido abajo. Ya no hay razones para pensar que él te sigue queriendo. Y ahí estás tú, desolada. Dándole vueltas a un problema, que para ti no tiene solución. Eres incapaz de verle, de coger sus llamadas. No quieres saber nada más de él. Para ti todo se ha acabado.

Lo que no sabes es que él todavía se muere por ti. Todavía piensa en cada mañana que ha pasado a tu lado, y cuenta todas y cada una que han pasado después de su error. Él tampoco se lo perdona.Y es que cambiar una chica que te gusta por una que te quiere, no tiene sentido. Él está perdido, pero por tus huesos. Se da cuenta de que tú has sido quien le ha sacado de sus casillas. Quien ha sabido sacar de él su parte más desconocida. Su pequeño rincón que nadie más conoce. Él no tiene miedo a que alguien lo descubra. Su corazón tiene una herida que pone tu nombre y un te quiero. Y esta no cura con el tiempo.Es más, cada día que pasa sin encontrar tu perdón, ésta no sutura y va dándole credibilidad a la idea de que tu ya no volverás.

domingo, 17 de abril de 2011

Nuestros domingos


Es domingo, pero no un domingo cualquiera. Me he levantado a la misma hora de siempre, luego he ido a la ducha creyendo que llegaría tarde. Me he tomado el desayuno, leído el periódico y me he vestido con ese traje que tanto te gusta, pensando que en menos de una hora te iba a ver. He bajado las escaleras a prisa y corriendo, y cuando he cerrado la puerta de la entrada de mi casa, la que fue nuestra casa, me he dado cuenta de que fue ayer cuando todo lo nuestro se terminó, y que este es el primer domingo que paso sin ti después de dos años comiéndonos el mundo, viviendo sin pensar en las consecuencias que podía tener el amarnos con locura y el querer ser felices por siempre juntos.
Recuerdo protegerte con mi paraguas de la lluvia, o darte mi chaqueta para resguardarte del frio. Las comidas con nuestra familia, las carcajadas con los chistes verdes de tu padre, y la inocente cara que ponía tu madre al ver que yo quería a su hija más que a mi vida. Nuestras tardes de cine, acurrucados, abrazados, acaramelados por el sabor de las palomitas, de tus labios con los míos. El viaje a Paris por tu cumpleaños. El llenar la maleta hasta arriba sin que nos preocupara otra cosa más que no fuera el miedo a que esto acabase. El coger el coche, vendarte los ojos, y hacer una escapada por el monte, dándonos cuenta de hasta dónde habíamos llegado y lo cerca que estábamos de poder tocar el cielo con las manos. Cada paseo por los prados, viendo como llegaba la primavera y nos volvía locos. Cordura de atar cada parte de tu cuerpo a mi cama, haciéndote el amor y mordiéndote con ganas para hacerte sentir infinita. Las cenas románticas que me preparabas, a la suave luz de las velas, con la copa de vino tinto, saboreando lo exquisito que era compartir contigo ese momento. Las noches en que quería sorprenderte cocinándote tu plato preferido dónde al final terminábamos embadurnándonos la cara de tarta de chocolate y llenando la bañera de espuma de champú, intentando dejar espacio entre tu cuerpo y el mío, aunque nunca lo conseguíamos. El ver cómo te mirabas enfrente del espejo, y te arreglabas cada mañana para mí. O lo bien que te quedaban todos aquellos vestidos que a mí tanto me encantaban, pero no la idea de pensar que algún capullo te iba a mirar más de la cuenta aquella noche.Tu olor indiferenciable entre todas las mujeres, el sentirme tan orgulloso y tan feliz de ser capaz de gritar a los cuatro vientos que vivía enamorado de ti, y que era lo único que me importaba.Todas las veces que miraba a mi derecha de la cama y te veía con los ojos cerrados, y una pequeña sonrisa que se dibuja en el contorno de tus labios, que me hacia naufragar y no saber si yo también estaba soñando, o era realidad. Aquellos días de verano sentados en las terrazas, viendo a la gente pasar. Viendo como los niños disfrutaban haciendo castillos en la arena y que, de repente, se ponían a llorar tras aquella ola que barría todas esas fantasías que, tanto a mí me hacían imaginar un futuro contigo.El estar tumbados mirando al cielo, contando cada una de las estrellas que nos iluminaban y que nos hacía sentir que nuestro amor era innegable. Cada susurro, cada silencio, cada mirada que contigo era única y especial. Ese hormigueo en el que no te das cuenta del tiempo que hace hoy, ni qué hora es, ni si quiera a que día estamos. Que te hace olvidarte del mundo y de los problemas. Que se apodera de ti, y te cambia la vida.
Y en esos cinco segundos te das cuenta de que todo ha acabado.De que todo lo que quede a partir de aquí, será un viaje efímero entre los recuerdos y olvidos de lo que conociste por felicidad. De que no hay vuelta atrás. De que hay que seguir, aunque te cueste. Los domingos fueron especiales para nosotros pero de alguna manera, aunque me duela, seguirán siéndolo.

miércoles, 13 de abril de 2011

A cara o cruz.

-Sí sale cara, tú ganas.
-Sí sale cruz, yo gano.

Lancé la moneda lo más lejos que pude al mar.
-Sí quieres saber lo que ha salido, ves a buscarla. Yo me conformo con que ganemos los dos.

Abrazo.

Él la mira, y luego ella le devuelve la mirada. 
Se queda parada, y él intenta marcharse. 
Ella no le deja, lo agarra fuertemente del brazo
 y le pregunta:
A- ¿Por qué me desprecias con la mirada? 
¿Tanto te has enfadado?
C- No tengo ganas de hablarlo.
A-Pues las personas que se quieren lo hablan ¿Sabes?
 Dame un abrazo.
C- Él no puede rechazar ese momento. 
Lo estaba esperando desde hace tiempo.


Cuando se abrazan, ella le dice; ¡pero más fuerte!


C- La mira y le pregunta: ¿estás llorando?
A- No, pero he llorado mucho estos días.
C- Dame otro abrazo - le responde cerrando los ojos.




...


Te dicen; tranquilo no pasa nada, lo superaras. Si necesitas ayuda, aquí me tienes. No le des mas vueltas, que dentro de unos dias todo habrá pasado. Puedes contar conmigo para lo que sea.
Y tontos de nosotros, que nos lo creemos, o bien buscamos esas "tipicas ayudas" que, al fin y al cabo, no sirven para nada.

Quierete a ti mismo, cree en ti, que en tu vida todo depende de ti. Rie, llora, pero vive el momento, porque cada final, es un nuevo comienzo.

martes, 12 de abril de 2011

1 minuto de tu vida, convertido en 60 segundos de felicidad.


Cierra los ojos y trata de no pensar. Deja que te susurre una cosa, mientras escuchas de fondo la melodia del amor.
Tres mundos nos rodean, y solo existen dos cosas en común. Una es el tiempo y la otra, eres tú.
Si no me crees, puedes abrir los ojos. A no ser que, creas en los sueños. Porque sabrás que lo peor de un sueño, cuando se hace realidad, es despertar.
Y si estás dispuesta, deja atrás tus miedos, toma mi mano y que el corazon nos guie.

Princesa

Su sonrisa es preciosa. Su cabello lleno de tirabuzones, rodean sus pequeñas orejas que, en silencio escuchan lo que mis labios no saben decirle. Tiene los mofletes colorados, llenos de pequitas que me entran ganas de apretujar con mi dedo pulgar e índice. La boquita de piñón se endulza con golosinas y algodones que compra cada tarde en el quiosco después de salir del colegio. Le encanta jugar a papas y mamás, siempre y cuando su "marido" sea el chico que le gusta. Sabe contar hasta cien. Escribir su nombre con la mano derecha, y diferenciar las letras del abecedario. Su papá le lee cuentos cada noche antes de dormirse. Ella se imagina siendo una princesa, con el pelo largo y largo y largo. La más bella de todo el país. Se mira al espejo una y otra vez, se siente feliz porque sabe que queda poco tiempo para que venga su príncipe azul a salvarla del más malo de los ogros. Lo que no sabe es que por el camino me encontraré con muchas que se harán pasar por ella, haciéndome creer que al fin la he encontrado. Princesa, sigue soñando que yo seguiré luchando contra falsas sonrisas.

Silencio.

Léeme atentamente. Esto es lo que nunca te supe decir:

Quererte surgió de repente. Sin más. Sin previo aviso. Sin darme cuenta del abismo que suponía la posibilidad de perderte. Incandescente, voraz, fue el tiempo que anduvimos dubitativos entre los errores y los perdones adolescentes causados por el miedo a ser comprendidos. Entendible fue la situación de idas y venidas, de dar por perdida la partida en la que no supe controlar ni el tiempo ni el espacio, ni si quiera tu forma de jugar.

La mayoría de veces no lo recuerdo del todo bien. No sé exactamente como pasó, ni cual fue la gota que colmó el vaso. Solo sé que pasó, y que tuvo que pasar. Y aunque estas palabras sean duras, más lo fue tener que callarme la verdad y mentirte para dar puerta a un adiós que significó para siempre.

Ahora me pregunto tantas cosas. Y una de ellas fue si de verdad tuvimos un motivo por dejar que todo se echara a perder.

lunes, 11 de abril de 2011

Nunca te dejaré de amar.


No volveré a llamar, ni escucharé tu voz. Nuestras miradas no volverán a encontrarse. La sensación de que el tiempo se para ha quedado muy lejos. Se ha acabado. Has agotado mis ganas, mi paciencia, y nuestro futuro. Incierto, pero real. Tal es así, como que estoy seguro de que no sabré nunca más de ti, y que terminarás olvidándome. Aunque eso último, ya lo llevas haciendo durante bastante estaciones atrás. Y ahora no habrán más trenes cuyo destino sean besos, abrazos, alegrías y sollozos, de esos en los que te sientes persona única en el mundo, de esos en los que tu corazón palpita a doscientas pulsaciones, y que no puedes controlar. De esos que los dos soñábamos con compartir y que la distancia ha hecho despertarnos.
No tengo sentimiento de culpa, porque la culpabilidad está un grado por debajo del amor.Éste, lo supera con creces. Y aunque no me creas, te diré que lo recuerdo como una de las cosas más maravillosas de mi vida. De hecho, nunca pensé en un final. Y mira si estaba "ciego" que hasta ahora, no me había dado cuenta de que todo acabó en aquella despedida en la que los dos recordamos cómo fue nuestro primer beso, nuestra primera sonrisa, nuestros pequeños paseos, todo aquello que pudimos imaginar y que nos dejamos por hacer. Quisimos vivir el momento, en vez de darnos cuenta de que estábamos haciendo como siempre, pero que esta vez iba a ser como nunca. Qué si la distancia hace el olvido, yo nunca olvidaré lo vivido, ni a ti, ni el camino que ahora me espera sin ti. Pero como tú, tampoco me voy a quedar de brazos cruzados esperando a que haya una próxima vez. Porque a pesar de todo y que nuestros corazones creían latir a la par, lo hacían en mundos distintos como fueron testigos la luna, el sol, y la mar. Y que ahora, en estas cuatro paredes dónde nos amamos una vez, pongo el punto y final a nuestra historia. Recordándote que nunca te dejaré de amar.

Libros de amor.

Lees libros de amor. De esos en los que te cuentan historias espeluznantes de vida o muerte, en las que los enamorados lo dan todo, se buscan y se persiguen, superan sus miedos, sufrimientos y lo peor que te puedas imaginar con tan solo una pizca de esa magia que te devuelve las alas.
Crean relaciones en cualquier encuentro dispar y después pasan a intentar hacerte recordar cada día lo que aquellos cinco segundos supusieron y que tras  un choque de almas gemelas, de medias naranjas y tinteros de agua dulce capaces de formar la sombra de un corazón, fueron convirtiéndose para ti en una adicción incontrolada, en una suave prosa faldera, que vehemente fueron cautivándote como lo hizo tu primer beso, y tus ganas de saber el final.
Nacen las dudas, los celos, las ganas de perderlo todo y de volver a empezar. Y todo esto, sin dejarte a ti ser participe, tan solo alguien que contempla desde el mejor de los puntos de vista, lo que sucedió y no sucedió, y como los pequeños detalles hicieron que entraras en un mundo de ensueño en vez de darte cuenta de la superflua realidad.
Quizás un día me invente un personaje y os cuente como conoció a su chica, como después sufrieron, o incluso el tiempo que estuvieron juntos diciéndose a las mil maravillas lo que ambos sentían y dejaban de sentir, viviendo en los lugares más inhóspitos de la tierra, aquellos que tú te imaginarás una y otra vez pero que nunca podrás llegarlos a conocer. Posiblemente, llegarán al altar, luego te imaginarás la sonrisa de sus hijos y los verás crecer, pero nunca sentirás lo que ellos sintieron cuando sus padres se separaron. O puede que nunca lleguen a eso y que su amor fuera incondicional y tan solo pudieron disfrutar de una noche juntos, en dónde al día siguiente, debido a las copas de vino de más, no recuerden nada. O quizás el personaje que cree, tenga una hermana pequeña enferma de amor. Loca por un hico de su instituto, el más popular pero el más cabrón. Al que todo hermano mayor odia y que le daría más de una paliza. Pero también puede  entre las infinitas posibilidades que os cuente lo que cuesta darte cuenta del hecho de que perdiste a tu chica y que nunca otra podrá suplir su lugar. O lo que es estar sentado en el vagón del tren y que la chica de delante de ti esté leyendo un libro de amor, en vez de estar escribiendo contigo esa historia que tanto estáis esperando leer. 

Amiga

Amiga, tú que estás ahí cuando más lo necesitas. Transeúnte en cada parte de mi cuerpo y que se limita a mirarme a los ojos e intentar saber qué es lo que me pasa. Dichosa en el tiempo, fugaz en la noche y compañera de día. Lo das todo por tener algo que contarme y tus labios desprenden en silencio todo lo que alberga tu corazón capacitado de enlazarse con el mío a través de calcomanías de las palabras: amor, felicidad y nostalgia.
Eres quien me hace recordar mis errores y al mismo tiempo hacer que descubra el cambio que diste en mi vida. Nunca antes me habían hecho valorar tanto a una persona.
Me acuerdo de ti cada mañana. Cada vez que alguien me pregunta: ¿Quién eres? O cada vez que intento huir de mis miedos y recuerdo como me dijiste:

“ Yo me levanto cada día con miedo a no saber más de ti. Me elevo por el tiempo que nos queda, y pienso en que puede que lo hayamos estropeado todo de tal forma que no aceptemos unas disculpas, o que el perdón no sirva de cura a las heridas que posiblemente nos hayamos hecho. Miedo es la palabra, la sensación que augura entorno al significado que le damos a nuestra amistad. Pero que se desvanece al instante que veo tu foto en mi escritorio. En la que me doy cuenta de que, de alguna forma, estás aquí conmigo. Protegiéndome, haciendo feliz mi despertar, siendo uno de esos motivos por los cuales sonrío y me doy cuenta de que entre nosotros, entre la palabra amistad hay muchas cosas escondidas. Y entre ellas no existen los miedos, existe esa sensación tan extraña que nos hace saber que todavía nos quedan muchas cosas por descubrir. "

Ahí me doy cuenta de que la vida tiene muchas cosas bonitas, y que sin duda contigo comparto una de ellas.

viernes, 8 de abril de 2011

Reflexión


No sé exactamente qué es lo que me pasa. Si de veras soy un cobarde o simplemente es que no tengo ganas de nada.
Supongo que esta es una reflexión que sigue a muchas otras, y también que precede a otras muchas más. Pero lo que sí que sé con absoluta certeza es que no paso por uno de mis mejores momentos, y lo peor de todo es que he perdido eso que siempre he pensado: quizás escribiendo sobre ello, encuentre la solución o sin más se me pase.
He tocado fondo. Y confieso que esto a nadie más que a mí me entristece de tal forma que hasta quien no me conoce se da cuenta. No estoy bien, para que negarlo. Mi subconsciente me traiciona, y la poca experiencia que he podido ir acumulando a base de errores, caídas y tropiezos, me enseña ahora de manera fría y suculenta de que a pesar de lo muy fuerte que me crea, de la forma más simple me vengo abajo como la fila consecutivas de fichas de dominó y todo lo que resulta luego poner a cada pieza en su sitio.
Lo difícil de todo esto, por no poner otra gota en mi vaso del pesimismo, es no saber la causa del problema. Y a pesar de ello, una parte de mi me dice que quizá haya sido un acumulo de cientos de cosas que me he ido guardando poco a poco, y al final ha ocurrido lo más probable en estos casos: un estallido en el epicentro de mi corazón que ha sucumbido con una ola gigante cada lugar de mi cuerpo en el que todavía había esperanza, fuerza y fe, tal y como ha ocurrido recientemente en Japón.
Ahora más que nunca solo me queda buscar si, en cada uno de los cimientos que se han visto derruidos, queda alguna parte de mí superviviente a esta catástrofe. Y si así lo fuera, reconstruir todo aquello que creía que era importante. Devolver la esperanza, la fuerza y sobre todo la suficiente entereza de que es más fácil levantarse si te ayudas de quien te da la mano, si no te sientes solo, y si a pesar de todo aquello que crees que te supera, no te pierdes en errores que cometías cuando tenias quince años. Al “no puedo”, al “amigos estoy mal necesito ayuda”, o encerrarte en tu habitación dos días como si estuvieras enfadado con el mundo.
Porque hay cosas difíciles, y en muchas de ellas te verás solo.Sin nadie. Y en esos momentos es cuando debes demostrar a la vida cuánto es lo que vales. Encontrarte a ti mismo, y seguir adelante.

De esta me salvo.


Me temo que, de alguna manera, esto ha podido conmigo aunque solo sea por un momento. La bata blanca ha producido una hecatombe entre mis pensamientos más puros y los más inocuos sobre mi propia persona. Y es que, no es fácil cuando se dirigen hacia ti con una cara pálida, que no transmite nada pero que en realidad dice mucho, y lo acompañan de esas palabras que inician una conversación -por describirlo de alguna forma- un tanto grotesca, y que no puedes tomarte de otro modo por mucho que tú quieras; "te quedan pocos meses de vida". Seis palabras, que inician una amargura terrible. Que rebotan en cada célula de tu cerebro, y que no te permiten apreciar otra realidad que esa misma.
Hasta aquí hemos llegado. Y aunque parezca mentira, he tenido tres hijos, cuatro nietos, una esposa fabulosa, un trabajo del que he ganado mi reconocimiento, mi orgullo y del que he aprendido lo que es la perseverancia. Dos casas, dos coches, e incluso una bicicleta en la que podía pedalear y sentirme libre. Además de un gato, un perro, y dos canarios. Esa ha sido mi vida, con a veces subidas y otras veces bajadas que me han hecho sufrir pero a la vez sentirme completamente feliz en cada instante, en cada minuto compartido con alguien, en cada error cometido y del que he aprendido a valorar toda y cada una de las cosas que he conseguido y las tantas que me he dejado por vivir.
Si te dijera que he sido feliz, me creerías. Aunque también es verdad que no todo ha sido tan sencillo como te lo hago ver. Ya sabes, que en muchas de las cosas de la vida, son tan dispares como la posibilidad de que yo mañana siga aquí revoloteando, soltando carcajadas con cada uno de mis familiares, o contándoles todas las batallas y anécdotas que todavía me quedan por contar, o aquellas que sigo contando una y otra vez y se las saben mejor que yo. Pero si te dijera que apagaras esa máquina que me da el oxígeno que necesito para mantener a mi corazón con vida, sería todo un cobarde, y perdería todo lo que he llegado a ser hasta ahora. Huiría, pero mis piernas ya no obedecen. Mis manos ya no sienten lo que sentían cuando acariciaba a mi mujer. Incluso mis ojos, no se acuerdan de los rostros de cada uno de mis nietos. Ni si quiera me acuerdo de lo que es cuando el viento se te mete debajo de la ropa, o lo fría que está la lluvia y lo que es un beso tierno bajo de ella. El olor a la playa, el canto de los pájaros, o ese arcoíris de felicidad que aparece durante unos segundos. Pero la verdad es que no me importa, se que los míos están aquí conmigo y que se alegran porque todavía me quede una pequeña esperanza. Ese algo que está ahí de alguna forma, que no puedo ver, ni oler, ni sentir, pero se de su existencia.
¿Y sabes? eso es lo que me da fuerza. El tener las horas contadas, no me va a impedir ser más feliz o menos feliz, ni tampoco hará de mi lo que nunca he sido. Porque yo he estado en tu papel en muchos de estos años, y se perfectamente la improbabilidad de que mañana abra los ojos y me despierte con veinte años, corriendo detrás del autobús porque lo había perdido, o que esté en una fiesta con los amigos, fanfarroneando delante de la chica que me gusta. Pero eso no me quita las ganas de sentirme otra vez vivo. Y si tengo que luchar, lucharé como siempre lo he hecho. Y solo te pido que me ayudes, que si algo falla le digas la verdad a los míos, pero mientras tanto creete que eres el mejor, yo confió en ti, y por eso dejo mi vida en tus manos. Porque a veces no te queda otra que tener fe.
Ahora confía tu en mi, y convierte en realidad estas tres palabras; De esta me salvo.

Pedaleando.


Nueve y media de la mañana. Catarsis en los polos. Sol y viento de poniente. A pie de carretera, exento de velocidad, no hay tregua. Me acompaña, con sus tonos blancos relucientes, y una resistencia tan característica que la hace única dónde las haya.
Olor a tierra mojada, después de más de tres días de lluvia torrencial. Caracoles, mariposas, abejas, aves rapaces. Presa fácil, difícil escapatoria.
Marcando linea. Siguiendo hacia adelante. Manteniendo el nivel constante de respiraciones por minuto. Desasosiego intermitente, acompañado de latidos con un potencial de acción demasiado exigente.
Pedaleadas. Sudor frío. Casco anti-impacto. Guantes acolchados. Culot marca-paquete. Gafas con cristal amarillo, submarino. Piernas revolucionadas, que no conocen límites. Duras, como el duro tramo de la montaña, del de la mente pensando: "no puedes más" contrarrestado con el hechizo de un sorbo de agua, y un no hay más metas, que tu meta. Y metas el primer plato, segundo o quinto piño, tu no vas con solo dos ruedas. Te siguen tus pasadas, y persigues a tu "yo futuro" que consigue llegar al límite a dónde no hay limites. Y te muestra que no hay derrota, si no te sientes derrotado. Que la victoria se saborea solamente en un segundo de gloria, y que lo importante es el camino. Y éste es el que recorres, mientras sigas pedaleando.